La oscuridad del bosque

Intentando huir de la sombra de la ansiedad que rápidamente se apoderaba de mí me adentre en el bosque, mis pies habían tomado este rumbo sin que yo lo notará. Deambulando, queriendo escapar de mis problemas, necesitaba calmar mi mente y tranquilizar mi corazón.

Estaba en una parte en la que jamás había estado antes, la tierra cubierta por las hojas otoñales cubría cualquier rastro de alguna senda para seguir así que simplemente caminé, dejándome envolver por las curiosas sombras que las ramas desnudas de los árboles proyectaban sobre mí. Podía escuchar algunas aves, pequeños insectos aparecían cerca de mis pies, me encontraba maravillada por cada detalle que me rodeaba, sintiendo singular interés por los hongos creciendo en las bases de los troncos. Poco a poco, empezaba a disfrutar de la paz que hacía mucho no sentía.

Sin embargo, el sonido de unos pasos no muy lejos de mí hizo que volviera a sentirme alerta, a tener ese miedo latente que precede a una situación peligrosa, primero pensé que se trataba de un animal, pero no fue así, aunque la mirada con la que me encontré asemejaba bastante a un depredador que acechaba a su presa, tan profunda, tan cautivante. La sonrisa que se proyectó de sus labios me confundió un poco más y, extrañamente, disminuyó el miedo que tenía y lo intercambió por curiosidad.

“Perdón por asustarte” dijo de repente, dejándome escuchar por primera vez esa voz profunda, grave, esa voz que sería mi perdición.

Estaba paralizada, de mi boca no salió ni una sola palabra, únicamente me había dedicado a examinarlo de los pies a la cabeza, sus botas y el dobladillo de sus pantalones estaban llenos de lodo, sus manos ligeramente temblorosas se encontraban llenas de algo pegajoso y oscuro, su sudadera tenía rastros de sudor, y su rostro transmitía una mezcla de autoridad y calma.

Sin contestar alcé mi mano hasta tocar su mejilla, el tacto frío se compensó con la calidez de mi cuerpo, no podía despegar mi mirada de él, no mostró incomodidad alguna ante mi gesto, ni intentó liberarse los dedos que acariciaban su cara.

“Nunca había visto a nadie más en esta parte del bosque” al fin retiré mi mano y di un paso atrás para ver a mi alrededor, había perdido la noción del tiempo y el atardecer amenazaba con dejar todo en penumbras.

“No sé cuánto tiempo llevo aquí, de hecho, creo que estoy perdida” dije sonriendo un poco, no reconocía nada, si esto me hubiera pasado antes probablemente estaría teniendo un ataque de pánico, al contrario, estaba tranquila diciéndole a un completo extraño que no sabía dónde estaba, sentía que había perdido la cabeza.

“No te preocupes, conozco bien el lugar, seguramente empezaste a caminar desde el puente del río, ¿verdad?” lo único que hice fue asentir con la cabeza, su mirada y su voz hacían difícil que me concentrara en encontrar las palabras para contestar.

Él tenía razón, la mayoría de las personas entraban al bosque por ese lugar, yo había dejado mi auto a un lado del camino, y después de haber estado parada sobre el barandal del puente durante un tiempo considerable contemplando que tan doloroso resultaría saltar al río había decidido no hacerlo, en ese momento me sentí orgullosa de mi por ignorar mis impulsos, pero ahora caminando con un extraño, con una peculiar apariencia, no estaba tan segura de haber dejado atrás mi propensión a hacerme daño.

Volví a perder el interés por el pasar del tiempo mientras nos dirigíamos en silencio a mi carro, de vez en cuanto volteaba a verlo de reojo, maravillada por su aspecto, parecía que se movía más lentamente de lo que podía ver, cada vez me sonreía un poco mostrando ligeramente sus dientes, me costaba trabajo imaginar el porque me atraía tanto, además del claro desprecio por mi vida.

Al llegar al río se acercó a la orilla y se lavó las manos con el agua cristalina.

“¿Puedo llevarte a algún lado?” al fin fui capaz de articular una oración, aunque salió de mi boca como un susurro que no espera ser escuchado. Volteó a verme con un brillo muy especial en sus ojos, parecía emocionado por la idea.

“Realmente no tengo un lugar a dónde ir, pero si quieres, puedo ir contigo” no tenía la menor idea de lo que pasaba ni del porqué de un momento a otro se encontraba junto a mí en el asiento del copiloto, la atracción que tenía hacia él era inexplicable, solo sabía que quería tenerlo cerca, que no me quería separar de él por ninguna razón, si alguien más estuviera en mi situación seguramente se hubiera dado cuenta del peligro que corría, pero yo no quería razonar nada, había encontrado en el bosque a este hombre intrigante y no planeaba alejarme de él, era como si un niño pequeño hubiera decidido que el cuchillo de la cocina sería su mejor amigo y no lo dejaría jamás. Eso era lo que pasaba, tenía un encaprichamiento estúpido, y el saber que las personas que me conocían lo reprobarían me hacía pensar en que tan lejos podía llegar.

En el momento que llegamos a mi departamento, tras invitarlo a pasar y cruzar la puerta al fin hice lo que había estado pensando desde el momento en que lo vi, al fin lo besé, probé sus labios rojos y carnosos contra los míos, al fin entrelacé mis manos en su cabello y me hundí en su abrazo, estaba absorta en él, intoxicada con su presencia y no lo iba a dejar.

Desde ese momento todo fue muy rápido, la mayor parte del tiempo estábamos ahí, en mi casa, cada que me sostenía en sus brazos todo a mi alrededor dejaba de existir. No necesitaba pelear contra todos los problemas que me abrumaban, simplemente los ahuyentaba con su sola presencia. El terror que había dominado mi vida por tanto tiempo ahora se apartaba más de mí quedándose tan solo en un triste recuerdo, y cada vez que esa oscuridad volvía simplemente buscaba su mirada, me perdía en ella y me protegía en sus brazos.

Escalofríos recorrían mi cuerpo cuando me aferraba a él con su cara hundida en la curva de mi cuello, sus labios rosando mi piel, la sensación era tan reconfortante que no quería que se separará jamás de mí. Todo se movía tan lento entre nosotros, pero tan rápido fuera de nuestra pequeña burbuja.

“Quiero que me lleves contigo, quiero que tomes de mí todo lo que quieras, aunque no quede nada, no me importa morir si es la única manera de que esto nunca acabe” dije hundida en mi letargo, tomando una decisión que sabía que lo sorprendería, sin embargo, al ver su rostro, esa sonrisa traviesa y embriagante había respondido mejor de lo que lo hubieran hecho las palabras, me tomó de la barbilla para observarme mejor. “Si es lo que quieres así será, no soy nadie para negarte tus deseos, soy el que planea cumplir cada uno de ellos” me aferré a él lo mejor que pude, atrayéndolo con los puños de mis manos que se aferraban a su camisa, temblando de expectativa.

Me llevó al lugar en donde todo había comenzado, caminando durante horas, estaba bastante cansada pero no quería detenerme, no quería parar, una mezcla de sentimientos me hacía seguir adelante, el sol tenía poco de haber desaparecido tras el horizonte, la luz se había extinguido; lo seguía tomada de su mano, parecía conducirse entre los árboles mejor que a la luz del día. “Podría decir lo mismo que dije aquella vez, creo que estoy perdida” dije con una voz poco audible.

Se llevó el dedo índice a los labios para indicarme que no hablará, apretó mi mano y me guio por un camino de piedra en medio de la oscuridad, teniendo a la luna como un faro de luz, caminamos hasta llegar a un claro en medio del bosque, a una pequeña cabaña plantada como un espejismo. La brisa de primavera inundaba mis pulmones, el frío de la noche y la incertidumbre de lo que se acercaba hacía que mi piel se erizará.

Lentamente abrió la puerta, nos adentramos en una nueva penumbra, me quedé inmóvil mientras él se dedicaba a encender una lámpara de gas, después se dirigió a la chimenea y acomodando unos trozos de leña inicio el fuego, con la luz tenue pude observar nuevamente el lugar, era solo una habitación, en medio de esta se encontraba una cama que invitaba a recostarse en ella, la cabecera de hierro forjado creaba un contraste curioso con el aspecto rústico de la cabaña, un buró a al lado derecho de la cama y un pequeño sofá junto a la ventana constituían las únicas piezas de mobiliario.

Ahí estaba yo, en medio de todo, temblando de miedo y expectativa, todo parecía moverse en cámara lenta, el aroma de la madera era embriagante, volteé buscando su rostro, era tan encantador como siempre y me brindó una de sus seductoras sonrisas que tanto disfrutaba, me sentía un poco mareada por todos los pensamientos que de golpe llegaron a mi mente, pero no los podía dejar ganar, los alejaba con el deseo creciente de lo que se aproximaba.

Se acercó a mí, acarició mi rostro con sus manos de mármol, las llevó a mis hombros y las siguió bajando hasta llegar a mi cintura apretándome suavemente, al fin sus labios se encontraron con los míos, la electricidad surgida de ese beso fue paralizante, mi cuerpo no sabía cómo reaccionar, apenas podía mantenerme de pie, entonces me levantó del suelo, me sentía como una princesa de cuento de hadas, aunque definitivamente no me acercaba a un vivieron felices para siempre.

Me recostó en la cama, mi cabeza sostenida por suaves almohadones de plumas, se acomodó a mi lado, recargándose sobre su antebrazo para poder inclinarse y observarme mejor. “La hora ha llegado” dijo con su voz intoxicante. Respiré profundo por última vez. Volvió a pasar su mano por mis mejillas, hacia mi cuello, hasta delinear delicadamente mi clavícula. Mi corazón empezó a acelerarse mientras sus labios se acercaban cada vez más y más.

Sus colmillos rozaron mi piel, en cuestión de unos segundos la atravesaron, un dolor agudo me estremeció, no era como lo había sido otras veces, se sentía diferente, mortal. Por un momento me invadió el terror. “Nunca más serás débil” entonces mordió su propia muñeca y succionó el líquido que recorría sus venas. Con un beso final selló mi destino, empezaba una nueva era, no podría decir que una nueva vida, ciertamente no podría llamarla así.

Tuve un atisbó de arrepentimiento, de miedo, sabía que no había vuelta atrás. Un estupor profundo se apoderaba de mí, cerré los ojos dejándome llevar por las sensaciones que recorrían mi cuerpo, sabía que la próxima vez que los abriera vería un mundo diferente, y que ese mundo ahora estaría a mis pies.


Versión corta publicada en Blog Librópolis: https://universodeletras.unam.mx/2021/09/la-profundidad-del-bosque/

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