Día 3

Mi corazón esta ligero y tranquilo.

El largo y tedioso trayecto en el autobús no logró alejar de mi esta sensación de paz que encontré gracias al viaje, la calma que llegó cuando recordé quien soy.

La última parada antes de ir a la estación fue para comprar un cinturón, algo trivial que podría parecer insignificante, pero que no fue así, la conversación con el dueño de la tienda fue ligera y reconfortante, de esas ocasiones en las que tan solo unas palabras mejoran tu día. Tal vez podría haber sido porque momentos antes mientras recorría los puestos de plantas en el parque había comprado una linda suculenta, uña de señorita y eso me había puesto de buen humor.

O podría ser por los churros con chocolate que comí sentada en una banca del parque mirando el ir y venir de las personas que poco a poco iban despertando, llenado las calles de famoso pueblo mágico.

Tal vez no fue la noche fría en el hotel con las cobijas ligeras que hicieron que me tuviera que envolver en el delgado suéter que llevaba, porque a pesar de querer escapar, de querer pesar tiempo conmigo misma no había planeado el quedarme a dormir en este lugar, simplemente lo decidí pues todo el día había estado cómoda en mi propia compañía, solamente quería extender este tiempo, esta experiencia.

Seguramente fue el paseo por la ciudad en la noche, las luces en lo alto de un mirador, los dulces típicos en la tienda a donde me llevaron para obviamente venderme algo más, las risas de la gente al intentar comer sus tumbagones sin romperlos, y aunque en ese momento mi mente divago un poco, no permití que se alejará demasiado, quedándome en el presente, buscando fantasmas en antiguos lavaderos, tomando fotos esperando encontrar algo mágico.

Definitivamente habían sido las horas pasadas alrededor de la naturaleza en el Charco de Ingenio, el caminar bajo el sol, detenerme en algunos lugares para admirar los pequeños detalles, tal vez no era todo verde o lleno de vida, pero era algo, algo que me fue llenando poco a poco, algo que me dio calma, dirección, perspectiva; el tranquilo sonido el lago, las ramas de los arbustos al pasar el viento, los pequeños insectos y criaturas que se movían de un lado a otro, las vistas en lo más alto del lugar, el cielo y sus curiosas nubes enmarcando todo.

Llegué a San Miguel de Allende.

Mi corazón esta roto, confundido.

Vista desde el Charco de Ingenio, San Miguel de Allende (Febrero, 2018)

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