Día 7

La calle estaba apenas iluminada por las farolas antiguas, con velas que parecían perpetuas, mis pasos se escuchaban sobre el camino empedrado y húmedo por la reciente lluvia. Frente a mi apareció un imponente portón de madera, tomé el pesado llamador de hierro en forma de mano, haciéndolo sonar para anunciar mi llegada, en ese mismo momento la pesada puerta se abrió revelando ante mi las ruinas de lo que fuera una majestuosa mansión.

Hiedra, rosales y helechos cubrían los restos de las paredes, miré hacia arriba para encontrarme únicamente con el cielo estrellado, en el centro del lugar se alzaba una fuente, parecía que podía oír el agua corriendo en ella. Tres habitaciones me rodeaban, un suave murmullo de voces conocidas venía de mi derecha y mi izquierda. Voces que me estremecían, que llenaban de mi corazón de melancolía. Entonces se reunieron conmigo, primero Florence Welch, cuyo cabello rojizo flotaba con el viento como llamas de una vela en un altar, y su vestido de gasa ligera se movía en el aire haciéndola parecer un ser místico. Después apareció Adele, con esa mirada tan intensa y seductora bajo aquel delineado oscuro de sus ojos, un vestido negro arropaba su cuerpo, y parecía flotar mientras se acercaba hacía mí. La seda de mi vestido rojo se danzaba con el viento que me rodeaba, toma la mano de Florence y luego de le Adele para caminar a la habitación que se encontraba en frente de nosotras, mientras tanto sus voces creaban una armonía delicada que llenaba el ambiente.

Una luz se encendió de repente mientras nos acercábamos a la entrada, mis ojos vislumbraron un lienzo y una mano que pintaba ávidamente sobre él, su cabello abundante, en donde estoy segura de que guardaba todas sus increíbles visiones, se interpuso entre su creación y mis ojos. Nos acercamos más hasta estar a sus espaldas, giró un poco la cabeza hasta encontrarse con nuestros rostros y una ligera sonrisa se dibujo en sus labios, me sentí emocionada, confundida y feliz. Ante nosotras, la creación de Remedios Varo que plasmaba con toda su encanto la escena más perfecta que acontecía entre nosotras, como seres mágicos y etéreos.

Nos tomamos todas de las manos, uniendo nuestras almas, como un pequeño aquelarre en el más hermoso de los escenarios.


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