Es curiosa la pregunta que tengo que contestar en esta entrada, es difícil escribir sobre el mejor día de mi vida porque no tengo ni la menor idea de cual es el mejor.
¿Cómo elegir solo uno?
¿Por qué debería tener solo un mejor día de mi vida?
Si bien, dicen que la vida es corta, esta esta llena de momentos que la extienden y que forman un camino que poco a poco vamos recorriendo, claro, este camino no siempre será recto y perfecto, puede haber curvas, subidas, bajadas, piedras, deslaves, etc. Creo que las comparaciones de la vida con las calles y carreteras las escuchamos diario.
Así que porque elegir un día, porque no elegir esos instantes que me han hecho feliz en mi vida. Afortunadamente tengo un sinfín para escoger, y aunque definitivamente no siempre me encuentro contenta, me alegra tener momentos que iluminen un poco mi corazón. Enumerarlos todos sería un riesgo que no estoy dispuesta a correr, pero puedo mencionar algunos que me vengan de pronto a la cabeza.
Las caminatas al potrero en el rancho, ver a las vacas y a los becerritos mientras jugaba con mis primos, el sonido de la lluvia cuando se acercaba por las montañas, la neblina que cubría todo de blanco, los globos que flotaban por el techo, las velas al anochecer mientras contemplaba las estrellas que presentaban ante mí, las caminatas constantes por Zacatlán, los viajes en auto los cuatro juntos, comer gorditas de alverjón, los viajes a Acapulco, los viajes del trabajo de mi papá jugar con mis amigos en la primaria, las clases de la banda de guerra, caminar con la escolta los viernes en la escuela, conocer a mis amigas de la secundaria, escuchar música en el taller, correr con todos mis compañeros de clase alrededor de la escuela, quedarme después de clases con mis amigas en las escaleras, bailar y cantar en el día del estudiante, enamorarme del amor, escribir mis primero poemas, conocer a mis amigos de la prepa, caminar más, aprender a amar la química, empezar a escribir cuentos, que uno de mis relatos ganará un lugar en un concurso, bailar folklor, empezar mi carrera, jugar tocho, conocerlo, vivir sola por primera vez, las pláticas con mis amigas en el departamento, esas palabras camino a la parada del transporte, las fiestas de la carrera, las quemas de batas, los días en el laboratorio haciendo mi tesis, mi examen profesional de licenciatura, los cursos de náhuatl, herbolaria y lengua de señas, el voluntariado en la Vasconcelos, quedarme en la maestría, mudarme a otro estado, conocer nuevas personas, los viajes a otros estados, reencontrarme con el mar en Guayabitos, la playa con mi familia, los viajes a Guadalajara, el viaje a la paz, nadar con lobos marinos, con un tiburón ballena, mi examen profesional de maestría, mi familia en Guanajuato.
Sin dudas podría seguir, definitivamente más recuerdos vienen a mí, y tal vez nunca los escriba, pero definitivamente, siempre los atesoraré.
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