Inktober Día 1: Dreams

No sé en que momento empecé a disfrutar tanto esto, a querer que la noche pasará rápido, a que los rayos del sol se colarán suavemente a la habitación. Despertar contigo junto a mi era lo que más me gustaba, lo que añoraba.


Repasaba cada parte de tu rostro, tus cejas, tus pestañas, tu nariz, tus labios. Besé tus párpados y tomé tus manos, una de mis partes favoritas de ti, lo primero que noté cuando te conocí, recuerdo ver por la ventana, tus manos moviéndose ágilmente teñidas de rojo por la sangre del venado que acababas de cazar y quedé fascinada.


Abriste los ojos susurrando con tu voz áspera, “Buenos días, hermosa”.


Yo solo te sonreí incapaz de pronunciar palabras “Es hora de despertar, lo sabes, no podemos estar aquí todo el día”, me abrazaste fuertemente y apenas rosaste mis labios con los tuyos. Cerré mis ojos un instante y con un suspiro desperté, en medio de esta absurda habitación que compartía con una docena de chicas, en una cama minúscula en donde apenas cabía yo, sin ese sueño hermoso que me acompañaba todas las noches.


Pero hoy era el día, hoy me reuniría contigo, me vestí rápidamente y fue al salón principal, mis compañeras ya se encontraban en el lugar. La directora llamó la atención de todas con un fuerte aplauso “Hoy es el día que han estado esperando, después de un año de entrenamiento saldrán al bosque a enfrentar el destino, algunas regresaran, otras se perderán, unas más serán encontradas, pero sobretodo, espero que tengan éxito en su destino”.


Se abrieron las puertas, la luz del sol se filtraba por los árboles, el repicar de una campana marco el inicio y salimos corriendo, en mi mente repetía una y otra vez, “que me encuentre, que sea él”


El tiempo se extendía lentamente, mis piernas ardían del esfuerzo pero no quería parar, sabía que no debía parar, tenía que encontrarlo.


Mi respiración era cada vez más rápida y me costaba mantener la velocidad, tropecé, caí de lado, con los pulmones ardiendo, mis piernas sin responderme, el llanto en los ojos. Lo iba a perder, iba a encontrar a alguien más.


Entre el retumbar de mis oídos alcancé a oír pasos acercándose a mi, alguien me había encontrado, no eran los lobos pues ya había pasado su territorio, pero no estaba segura de haber llegado al área correcta, me puse de cuclillas, subí la mirada, y encontré sus ojos, mi cazador, era él, mi cazador.


Después de llamarlo en mis sueños, de atraer lo poco poco a mi, de visitarlo todas las noches, al fin había llegado a mi.


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